
Continuamente nos enseñan a controlarlo todo y la pena es percibida como una debilidad. Pero uno no es débil sino sensible, y ser sensible es ser humano .
Si se muere alguien que aprecias, es natural que estés triste. No hay ninguna razón para sentirse culpable.
Es, además, una magnífica experiencia: purgadora y purificadora ... no hay nada igual. Tiene su propia belleza y su propia alegría.
Si realmente te afliges y te sumerges en la pena, saldrás completamente fresco, renovado y rejuvenecido, como si hubiese llevado todo el polvo y con él también el pasado.
Pero pasará ; de modo que , si aparece, acéptala y goza de ella.
No digo que sólo lo aceptes, porque puedes aceptarla de muy mala gana ; muy fríamente. Puedes aceptarla y mantenerte a distancia, pero se quedará en algún rincón y su sombra alargada te seguirá a todas partes y eso es malo; es muy peligroso.
Puede atenazarte constantemente y destruir tu presente.
Por eso la pena hay que tomarsela a cucharadas.
Todo lo que ocurre es natural, porque sólo lo natural puede ocurrir. Una vez que has entendido eso, lo aceptas todo. Y si aparece la pena, sumérgete en ella. Aunque te parezca excesiva, acéptala; te sentirás muy bién.
El peso y la sombra desaparecerán.
"Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia".

